
Una cierva era perseguida por unos cazadores y se refugio bajo una viña. Pasaron cerca los cazadores, y la cierva, creyéndose muy bien escondida, empezó a saborear las hojas de la viña que la cubría. Viendo los cazadores que las hojas se movían, pensaron muy acertadamente, que allí adentro había un animal oculto, y disparando sus flechas hirieron mortalmente a la cierva. Ésta, viéndose morir, pronunció estas palabras:
-- ¡ Me lo he merecido, pues no debí haber maltratado a quien me estaba salvando ¡
-- ¡ Me lo he merecido, pues no debí haber maltratado a quien me estaba salvando ¡
Sé siempre agradecido con quien generosamente te da la ayuda para salir adelante.
Esopo
Esopo
Ser agaradecido con el que nos ayuda, es un credito abierto permanentemente.
ResponderEliminarUn abrazo
Como siempre Canoso, aciertas muy bien con las fábulas que eliges para tu blog. Sin duda, no se puede morder la mano de quien te da de comer!!!
ResponderEliminarUn beso muy fuerte y feliz fin de semana
Aun cuando normalmente hacemos lo contrario, abusar del que nos ayuda hasta límites insospechados.
ResponderEliminarun abrazo TR
Bueno, para ser sinceros el mérito es de Esopo, que después de muchos siglos sigue estando de actualidad como si las hubiese escrito ayer. Yo viernes tras viernes, recurro a él para esta sección.
ResponderEliminarUn besote Magdalena
Qué verdad es esa... siempre me han gustado las fábulas es una buena fuente de sabiduría.
ResponderEliminarUn besote.
A mi lo que más me gusta es que nunca quedan antiguas, por mucho tiempo que pase siempre son actuales.
ResponderEliminarUn besote, anita
Una fabula con grandes enseñanzas, el no agradecer lo que tenemos, y agregaria algo más, muchas veces por creer una cosa que no es, bajamos la guardia. Un fuerte abrazo mi amigo
ResponderEliminarBuena puntualización RC, eso nos provoca dolorosas pérdidas. Un fuerte abrazo, amiga.
ResponderEliminar