viernes, 6 de noviembre de 2009

El perro y el cocinero (79)

Preparó un hombre una cena en honor de uno de sus amigos y de sus familiares. Y su perro invitó también a otro perro amigo.

-- Ven a cenar a mi casa conmigo -- le dijo.

Y llegó el perro invitado lleno de alegría. Se detuvo a contemplar el gran festín, diciéndose a sí mismo:

-- ¡ Que suerte tan inesperada ! Tendré comida para hartarme y no pasaré hambre por varios días.

Estando en estos pensamientos, meneaba el rabo como gran viejo amigo de confianza. Pero al verlo el cocinero moviéndose alegremente de allá para acá, lo cogió de las patas y sin pensarlo más, lo arrojó por la ventana. El perro se volvió lanzando grandes alaridos, y encontrándose en el camino con otros perros, estos le preguntaron:

-- ¿ Cuánto has comido en la fiesta, amigo ?

-- De tanto beber, -- contestó -- tanto me he enbriagado, que ya ni siquiera sé por donde he salido.

No te confíes de la generosidad que otros prodigan con lo que no les pertenece.
Esopo

4 comentarios:

  1. Pues si, uno se cree, y no, para nada.

    Abrazo

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  2. Que críptico, José Jaime.

    Abrzos de fin de semana.

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  3. Hola,

    Es lo que hacen los políticuchos de turno con la gente de a pié. Nos cobran los impuestos para, entre otras cosas, pegarse unos festines que no veas...las sobras "pá los perros"

    Abrazos

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  4. Esa es la grandeza de las Fábulas de Esopo, son aplicables 2600 años después (si realmente existió)

    saludos

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